Saber dónde se fue el tiempo ayuda más que mirar la duración total. La revisión debe mostrar qué lectura o decisión te frenó.
El cronómetro señala, pero no explica
Terminas un simulacro y ves que te han faltado minutos. La reacción automática es intentar responder más rápido la próxima vez. Pero el tiempo puede haberse ido en leer enunciados largos, cambiar respuestas, volver a una pregunta o corregir un error de estrategia.
En Policía Foral, la revisión del ritmo debe convertirse en una hipótesis. No se trata de correr por el examen, sino de saber qué decisión está consumiendo una parte desproporcionada del bloque.
Divide el recorrido en tramos
Registra el tiempo de la primera vuelta, el número de preguntas marcadas y el tiempo de la segunda. Si puedes, señala también dónde te quedaste bloqueado. Estos datos no necesitan una precisión absoluta. Basta con que sean comparables entre sesiones.
Después pregunta qué tipo de pregunta te frenó: lectura negativa, cálculo, dos opciones cercanas o desconocimiento. Cada freno pide una práctica distinta. Acelerar todo puede aumentar los errores de lectura.
Practica una sola decisión
Si el problema es quedarte demasiado tiempo entre dos opciones, entrena una tanda con marca de volver. Si es leer una negación, usa el protocolo de tres pasadas. Si es el cálculo, separa los pasos. No mezcles todas las soluciones en un simulacro nuevo; primero comprueba una.
Cuando el tiempo mejora, revisa que no haya subido el error por precipitación. Una marca de cierre solo sirve si mantiene la calidad mínima que exige la prueba que estés practicando.
Termina con una regla personal
Escribe una regla concreta para el próximo simulacro: «si después de dos lecturas no encuentro el dato que decide, marco y continúo» o «antes de cambiar una respuesta, explico qué evidencia ha cambiado». La regla reduce decisiones improvisadas.
