Una mala puntuación solo sirve si puedes descubrir si fallaste por conocimiento, tiempo, técnica o cansancio.
Terminas un simulacro de Bombero, ves la nota y la tarde se estropea. Si ha salido peor de lo esperado, la reacción habitual es cambiarlo todo: estudiar más, entrenar más o abrir un tema nuevo. El problema es que una nota aislada no explica qué ha pasado.
Un simulacro es útil cuando responde a una pregunta concreta. ¿Te falta conocimiento? ¿Pierdes tiempo leyendo? ¿Te bloquea la mezcla de bloques? ¿Llegas con fatiga? Si no decides qué estás observando, cada error parece una prueba de que todo está mal.
Corrige en cuatro columnas: desconocimiento, confusión, ejecución y estrategia. Un desconocimiento vuelve a la fuente. Una confusión necesita comparación. Un error de ejecución pide practicar el formato. Un problema de estrategia necesita cambiar una regla del siguiente simulacro.
Revisa también los aciertos dudosos. Una respuesta correcta por descarte puede fallar la próxima vez que cambie una palabra. El objetivo no es subir la nota de un día, sino saber qué ajuste merece la siguiente semana.
Para la próxima sesión, haz un simulacro más corto y decide antes qué vas a medir. Al terminar, elige una sola variable para cambiar. Si cambias cuatro cosas, no sabrás cuál te ha ayudado.
