Cuando una actualización modifica un apartado, separa qué exigía tu material y qué has comprobado después para no estudiar dos redacciones a la vez.
Actualizar no es rehacer todo el tema
Te encuentras dos versiones de un documento y empiezas a subrayar ambas. Al final no sabes qué parte ha cambiado ni cuál era la referencia que debías estudiar. Comparar versiones sirve cuando responde una pregunta concreta; si no, añade ruido y te aleja del texto base.
En materia normativa, la fuente oficial y el corte que corresponda a la convocatoria tienen prioridad. Este método organiza la revisión, pero no decide por sí solo qué redacción es exigible.
Fija el punto de comparación
Anota qué documento comparas, qué fecha tiene y qué apartado quieres comprobar. No compares páginas enteras si solo necesitas verificar un artículo, una definición o una condición. Guarda la referencia para poder volver al mismo punto.
Después clasifica el resultado: sin cambio, cambio de redacción, cambio de alcance o duda pendiente. No uses una etiqueta de reforma si no puedes explicar qué ha cambiado y dónde lo has comprobado.
Conserva dos capas
El texto de estudio mantiene la versión que estás utilizando según el criterio aplicable. La nota de revisión explica la diferencia encontrada y la fecha de consulta. No mezcles la nota dentro del texto base sin identificarla: una ayuda editorial no debe parecer parte de la norma.
Si el cambio es posterior al corte, regístralo por separado. Si afecta a lo que debes estudiar, consulta la fuente oficial y actualiza el material con un criterio explícito.
Para la próxima sesión, elige un apartado con dos versiones, escribe la pregunta de comparación y registra el resultado en cuatro líneas. La revisión es útil cuando deja una decisión clara y no cuando te obliga a conservar dos documentos que dicen cosas distintas.
